“Los Siete Gauchos”
Como gallo degollao
andaba yo recorriendo
penas que estoy padeciendo,
por haberle porfïao
a quien, la vida, me ha dao,
pero terminé sonriendo,
ya que mi cor, le he otorgao…
Respeté su dicha buena,
y salí de esta condena,
porque él es superconciente:
él me enseñó a ser prudente;
él me enseñó a zafar penas.
Ayer he visto a Mandinga,
hermano, daba terror:
olfatié un fiero pudor,
en su vil reir, en su esencia;
ya contar con su presencia,
daba maldita impresión.
Me quiere agarrar de queso,
el inmundo desalmao,
pero yo lo he confrontao,
sin miedo y pleno en coraje,
y he domao a aquel salvaje
que teme de lo sagrao.
He visto los siete gauchos
domando muy bravos pingos,
y aclamando por mi ausilio;
yo los hospedé en mi cor,
y curaron mi dolor,
llevando el mal al esilio.
¡Imprudente el vulgar necio!
¡Pobre del mal condenao!
¡Beato el iluminao!
¡Bruto aquel que vive en sombras,
tirando agua al sol cual obra,
por seguir a un desgraciao!
De aquí viene mi cantar:
acompañan mis coplitas,
las grandísimas copitas
del tinto y del apenar...
De aquí siento ese tormento
que te aqueja y nos aqueja,
pero no bajo los brazos
y me guardo bien las quejas.
Aquellos quienes me dañan,
son títeres de un maldito,
si tuvieran un poquito
de razón y corazón,
habrá un temprano perdón
si no, les resta el hornito.
Yo soy siervo del Criador,
no siento odio ni rencor,
de aquel quien me ha lastimao,
porque espero santo juicio
y no un humano perjuicio,
porque Juez es quien me ha criao.
Lunes, 01 de diciembre de 2008
Juan Cruz Acosta
* Este poema fue dedicado para alguien que fue prejuzgado y está pagando por una causa falsa.






0 comentarios:
Deje aquí su comentario