“Sexta Alborada Lunar”
I
Contemplo las negras aguas
con sus entes luminosos,
y cantos esplendorosos,
destellan de mi gran pluma,
pues no existe musa alguna
que haga estos versos gloriosos.
II
Hoy te canto, gris penoso,
con el don extravagante
de mi innato ser pensante,
el sonar de seis albores,
cuales muestran sus colores,
entre las nieblas vagantes.
III
Sea, éste, un fúnebre plectro,
pues estas fases lunares,
son padeceres reales,
y con estas vagas rimas,
aquestas cuerdas afinan
las trasnochadas señales.
IV
Los sones ceremoniales
decoran mi preciosa arte,
pues he de galardonarte
con todo mi potencial
por darme el numen lunar,
éste que hoy ha de honorarte.
V
En la nocturna serena,
se impregna en mi aprendiz ser,
todo esto que he de saber,
para pintar en papiro
(con mis dolidos suspiros)
este loor del doler.
VI
Mas, no es halago al dolor,
sino un halago al saber,
un saber del padecer,
pues padeciendo uno aprende
lo que viviendo no entiende,
para más, triste, no ser.
VII
Sea mi pluma cual diga
toda mi melancolía,
toda mi desarmonía,
porque hoy la puedo escribir
y quitarla del sentir,
porque mi noche, hoy es día.
VIII
Puedo apreciar tu brillar,
tu fragancia de clavel,
tu corona de laurel,
y quiero hoy ser tu vocero
pues llenaste mi tintero
para mi lunar pincel.
IX
¡Oh mi gran musa!... Mis versos,
de mi ansia, son ora exceso,
porque ya no me es un peso
cargar con el desaliento,
porque abrió mi pensamiento,
un cálido viento espeso.
X
Aquestos versos son lluvia,
pues hicieron la sequía,
un manantial de alegría.
Aquestos versos son soles,
pues son iluminadores
de la gran lunar poesía.
XI
He visto mi sexto albor,
desde los bosques salvajes,
y contemplé los paisajes,
escalé alto mis montañas,
y orgulloso, vi mi hazaña
desde aquel alto paraje.
XII
Quiero que el encanto encante,
quiero que encante el encanto,
de estas letras de mis llantos,
porque hoy halago a una luna,
y con dolencia ninguna,
trato de quitar su manto:
XIII
Unas tinieblas oscuras
oscurecen las verdades
con demoniales maldades,
pues gustan de hipocresía,
esos llenos de falsía,
esos malditos mortales.
XIV
No quiero más este infierno,
deseo, mi alma, elevar
al edén, y desterrar,
de estas destruidas tierras,
a los mortales que erran,
y hacer a la paz reinar.
XV
¡Oh, gran ninfa de la noche!
llévame contigo al cielo,
pues para admirarte velo,
porque no hay más armonía
que tu lunar sinfonía,
son de mi pluma en vuelo.
XVI
No habrá poeta en poesía,
no habrá poesía en poeta,
cual no pinte tu silueta,
pues a todos nos levantas
con tu reflejo que canta
aunque te eclipse el planeta.
XVII
Estas sextas alboradas,
no reclaman el amor,
pues son plenas en dolor,
pasión y liberación,
pues la pasada aflicción,
hizo fuerte al escritor.
XVIII
Conociendo el grave error,
uno no cae a ese abismo,
cual abrió terrible sismo,
para entregar experiencia
a la inmadura consciencia
y no hacer el error mismo.
XIX
Pero ora voy a mi lecho,
magnánimo numen mío,
pues ya amanece, y expiro,
para no ver más maldad
y soñar felicidad,
y esperar otro respiro.
Miércoles, 24 de septiembre del 2008
Juan Cruz Acosta






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