“Más allá del amar”
¿Y quién no ha sido víctima del amor?
He visto los albores,
he sentido los dolores
que aquejan al ánima despiadadamente.
Hoy he visto nuevamente
los matutinos colores
y mi cor se llena de pasión;
por no querer caer en la pena,
me abstengo de aquella visión
y ruego al Creador por compasión.
¿Y a quién no lo traicionó la vergüenza?
¡Qué poco coraje hoy en día hay!
Yo digo lo que siento,
pues si callo, miento.
No he de temer de las consecuencias,
cuando al corazón lo mata la ausencia.
¿Y a quién no le han mentido con vanidades?
Aquí que me comprenda a quien le sobre razón:
Soy un mísero rapsodo en aquestas tierras,
que sólo busca consuelo escalando propias sierras,
admirando a quien crea,
ignorando a quien destruye.
Aquí yo soy quien construye,
pero qué lástima que no sepan saber.
Atribuyen a mi destino
las penas de mi olvido,
recordando el abismo y esquivando.
Hoy, ayer y quizás mañana,
huela las rosas que me espinaron el pecho,
pero yo a vivir tengo derecho
y no a ahogarme en el sufrir.
He descubierto que las vivencias
ayudaron a los animales,
pero no a los humanos.
Seremos hermanos,
pero siempre estamos en guerra.
Más allá del amar,
más allá del pensar,
lleno mi corazón con las fragancias,
fragancias del universo;
encanto al encanto
y le canto al canto
lo que yo he de sentir.
Yo aprovecho mi vivir,
para no resentir de lo vano,
y de lo que vale, escribir.
Yo amo a quien ama,
yo no puedo odiar
a quien me odia,
si bien lo puedo ignorar.
Más allá del amar,
puedo hoy amarte, maravilla
que encanta como lucero cual brilla
y hace luz a la obscuridad.
Más allá del amar,
mi cielo, mi tierra, mi vida, mi fortuna,
puedo hoy halagar.
Más allá del amar,
podré ver la poesía lunar
como magnánima obra
de un maestro a quien letra le sobra.
Más allá del amar,
hoy te digo y no te obligo:
Vete de este mundo
para ser libre
y rellenar un hueco profundo
de belleza y humildad.
Más allá del amar,
amo a la belleza etérea
y no a la que puedo tocar.
Y las letras de mi alma
eternamente resonaran
por las vastidades del cosmos,
y las estrellas me hablaran.
Por eso evado al tiempo,
evado a la agitación,
evado al dolor,
añoro de tenerte
y no espero de la muerte.
Pido calma al tiempo
y tiempo a la calma,
aquí hoy en mis palmas
tengo la pluma que corre como viento
y dice lo que siento.
Más allá del amar,
me reclino para beber
de la pureza
y he de rezar,
por aquello que puede doler
y no morir entre la pereza.
Lunes, 22 de diciembre de 2008
Juan Cruz Acosta






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