¡Qué más numen que la vida!
Hoy así te escribo, vida mía,
pues el tiempo no me espera,
y la muerte me condena,
pues todavía no he visto el día.
Sea el karma el alfa y el omega,
y nuestro innato dilema,
porque falta la alegría,
porque reina la desarmonía.
Y reinará una eterna armonía,
cuando no haya contra-guerra,
y haya dichosa pro-paz,
porque el buen ritmo es pura eufonía.
La llave a la luz, a la alegría,
está en tu alma, cual en sombras
ahora vive, y se escombra
al nublarse en tinieblas sombrías:
Las oscuridades que enceguecen,
cuales porta el superfluo ente,
con malicïas engañan,
con mentiras, a almas que padecen.
Pocos son portadores del sol,
del séptimo majestuoso,
de la santísima aurora,
cual brilla en iluminado cor.
Unos extravían la esperanza,
otros pierden la gran musa…
¡Qué más numen que la vida!
que en su andanza da pura enseñanza.
Otros temen al raro destino,
por no poder predecir,
mas, al poder prevenir,
lo están enterrando en el olvido...
Mas, los que se abstienen del vivir,
aborrecen, y merecen
espiritual punición,
por pavura dejarse abatir.
Me siento, como abeja, invadido,
¡oh reina mía, espantadlos,
apartadlos de nosotros,
quita a esos zánganos corrompidos!
¡Sólo aguardo como comedido,
que nos ampare el Destino,
y que destierre al inane,
cual porta el espíritu podrido!
Jueves, 11 de Septiembre del 2008
Juan Cruz Acosta
Hoy así te escribo, vida mía,
pues el tiempo no me espera,
y la muerte me condena,
pues todavía no he visto el día.
Sea el karma el alfa y el omega,
y nuestro innato dilema,
porque falta la alegría,
porque reina la desarmonía.
Y reinará una eterna armonía,
cuando no haya contra-guerra,
y haya dichosa pro-paz,
porque el buen ritmo es pura eufonía.
La llave a la luz, a la alegría,
está en tu alma, cual en sombras
ahora vive, y se escombra
al nublarse en tinieblas sombrías:
Las oscuridades que enceguecen,
cuales porta el superfluo ente,
con malicïas engañan,
con mentiras, a almas que padecen.
Pocos son portadores del sol,
del séptimo majestuoso,
de la santísima aurora,
cual brilla en iluminado cor.
Unos extravían la esperanza,
otros pierden la gran musa…
¡Qué más numen que la vida!
que en su andanza da pura enseñanza.
Otros temen al raro destino,
por no poder predecir,
mas, al poder prevenir,
lo están enterrando en el olvido...
Mas, los que se abstienen del vivir,
aborrecen, y merecen
espiritual punición,
por pavura dejarse abatir.
Me siento, como abeja, invadido,
¡oh reina mía, espantadlos,
apartadlos de nosotros,
quita a esos zánganos corrompidos!
¡Sólo aguardo como comedido,
que nos ampare el Destino,
y que destierre al inane,
cual porta el espíritu podrido!
Jueves, 11 de Septiembre del 2008
Juan Cruz Acosta






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